Ustedes se divorciaron, ¿yo por qué?


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Es la segunda vez que me pasa y francamente me molestó desde la primera porque la verdad es que duele mucho, así que es hora de decirle algo a todos mis queridos amigos: si ustedes se casan, cásense; si se divorcian, divórciense; pero a mí déjenme fuera y no se vale eso de ponerme a escoger si con melón o con sandía porque eso me parece ojete cualquier día.

Voy a meter un poco de reversa para contar cómo ha sido el asunto en cuestión: dos personas se enamoran y una de ellas es mi amig@. Me presenta a quien le provoca mariposas en la panza y resulta que también con esa persona hago superclick —amistoso, ¿eh?—. Luego se casan y la cosa es aún mejor: nos llevamos increíble, salimos juntos, reímos juntos, antreamos juntos, nos vamos de vaqueishons juntos, y todos felices y contentos hasta que como pasa en algunos amores, el suyo es de los que viene con fecha de caducidad.

Entonces empiezan los problemas y con quien me llevaba desde antes (hablaré de la segunda vez por ser la más reciente), que eran como unos nada despreciables dieciocho años, me pide encontrarnos para que me platique los sinsabores de su relación. Los años de amigazgo entre nosotros cuentan y sí, entiendo su posición, sé que la cosa va mal y lo sé desde hace rato. Pero resulta que su contraparte ya también me citó otro día en otro lado y también escucho. Aunque sólo l@ conozco desde que empezaron a andar —cinco años, que no son ni la tercera parte de los dieciocho—  caray, también l@ quiero y me cae de pelos. A ningun@ le digo en ese momento que he hablado con su futur@ ex porque lo que me dijeron lo dijeron en confidencia y sí algo sí sé es guardar secretos. Tampoco doy opiniones porque en este caso (y en el primero), resulta que no hay una GRAAAAN razón que explique el truene: no se fueron infieles, no se volvieron rutinarios, sus familias no son onda los Capuleto y los Montesco, ninguno va tras la lana del otro, no hay una situación insalvable como que un@ quiera hij@s y otr@ no. Simplemente se les acabó el amor.

¿Qué hago después? Lo que a mi juicio me parece lo más decente: les digo que los he escuchado a ambos, que no voy a tomar partido, que los adoro, que lo que me han dicho no lo sabe el/la otr@ y que voy a apoyarl@s en todo lo que pueda y me pidan. Suena superlindo, ¿verdad? Pero la realidad es muy distinta. En el primer caso amb@s, y en el segundo mi amiguísim@ de dieciocho años, me pusieron un últimatum: que tengo que escoger, y que si elijo a la/el otr@ significa un rompimiento con él/ella porque le parecería una traición, así que yo le estaría diciendo bye a una amistad genial y de muchos años.

Chale, ¿y yo por qué me tengo que divorciar también? Digo, yo no firmé ningún papelito. Ell@s no me mantienen ni me adoptaron, así que, ¿por qué debo elegir como si fuera la hija adolescente a quien se le da a escoger si vivir con papá o con mamá? ¿Por qué me dicen que si le sigo hablando al otr@ se acabó nuestra amistad? ¿Por qué demonios me meten en su rollo? La relación, honestamente, era suya, no era de tres.

A ver, neta, si alguno hubiera puesto el cuerno, ido tras la lana o se hubiera vuelto sociópata, va, claro que tomo el lado de la parte afectada. Pero si no se hicieron ninguna chingadera y se les acabó el amor a ellos, ¿por qué exigen que haga como que se me acabó también a mí por extensión? Digo, in my book, eso no es justo, y si algun@ me obliga a elegir, elegiré a la otra parte. Sorry. Y sí, pelearé por mantener la amistad de ambos y hacerles ver —quizá pasado un tiempo— lo injusto de su ultimátum, pero si no se puede, pues ni modo.

Tengo que decir con tristeza que en el primer caso se enojaron ambos y en el segundo  he perdido prácticamente la amistad más larga, la de dieciocho años. Sí, hay algún feisbucazo de vez en cuando, pero de vernos o platicar, nada. ¿Fiestas a las que vayan o vengan ambos? Nunca. Y siempre está esa sombra de que la traidora soy yo.

Así que por medio del presente texto en Lo que pensamos me permito solicitar de la manera más atenta a todos mis amigos casados o por casarse, que si sus relaciones se acaban y yo me llevo con su pareja como, obviamente, esperaban que sucediera cuando nos presentaron, no me hagan elegir. Yo no tengo que divorciarme de ninguno de ustedes. En todo caso, que escoja el perro, pero nosotros seamos felices y mantengamos amistades largas aunque ustedes ya no se hablen más.

Por su atención, gracias.

 

 

Comentarios
Ary Snyder

Mis padres no son hippies sino antropólogos, que es casi lo mismo. Pero en casa sólo se escuchaba a Bach, Beethoven, Mozart y por a’i. A los seis añitos descubrí a una banda que ya no existía —The Beatles— y ya nada fue igual. Mi ‘pá me desheredó y mi ‘má me compró un disco (no un cedé, ¿eh?) de ellos. Casi se divorcian. Estudié diseño gráfico e hice maestría en fotografía aunque mi mejor educación la aprendí de eso que amo con locura: los libros. Trabajo como editora porque me fascinan las revistas y escribir tanto como el café, la fotografía, la música clásica, el rock (entre más alternativo, pesado o darketo, mejor), el cine, los animales, la naturaleza, viajar, quedarme en hoteles, los robots, el futbol americano, a mis amigos, a mi family de dos y cuatro patas, y cosas un poco más raras como las matemáticas, la mecánica cuántica, los dinosaurios y la astrofísica. Muero por ir al CERN y estoy segura de que un día voy a ganar un Nobel con una de mis ideas sobre el Universo o con una sobre la evolución —cosas que me maravillan y me conmueven—. ¿Qué más? Sheldon Cooper se viste como yo (porque yo lo hago desde antes que él) y soy un poquito autista, así que la gente me da miedo pero le sonrío, cedo el paso y doy las gracias, aunque honestamente soy más animal-person que people-person. En Instagram me encuentras como ary snyder. Tan-tan.


Mis padres no son hippies sino antropólogos, que es casi lo mismo. Pero en casa sólo se escuchaba a Bach, Beethoven, Mozart y por a’i. A los seis añitos descubrí a una banda que ya no existía —The Beatles— y ya nada fue igual. Mi ‘pá me desheredó y mi ‘má me compró un disco (no un cedé, ¿eh?) de ellos. Casi se divorcian. Estudié diseño gráfico e hice maestría en fotografía aunque mi mejor educación la aprendí de eso que amo con locura: los libros. Trabajo como editora porque me fascinan las revistas y escribir tanto como el café, la fotografía, la música clásica, el rock (entre más alternativo, pesado o darketo, mejor), el cine, los animales, la naturaleza, viajar, quedarme en hoteles, los robots, el futbol americano, a mis amigos, a mi family de dos y cuatro patas, y cosas un poco más raras como las matemáticas, la mecánica cuántica, los dinosaurios y la astrofísica. Muero por ir al CERN y estoy segura de que un día voy a ganar un Nobel con una de mis ideas sobre el Universo o con una sobre la evolución —cosas que me maravillan y me conmueven—. ¿Qué más? Sheldon Cooper se viste como yo (porque yo lo hago desde antes que él) y soy un poquito autista, así que la gente me da miedo pero le sonrío, cedo el paso y doy las gracias, aunque honestamente soy más animal-person que people-person. En Instagram me encuentras como ary snyder. Tan-tan.