Wonder Woman o cómo llorar de principio a fin en una película de superheroínas


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Mi nana tiene 54 años, nació en Oaxaca y llegó a la Ciudad de México a los 12 años de edad en condiciones que el gobierno de este país considera no importantes y que He for She dice que son alarmantes.

La casaron a las dos semanas de estar aquí con alguien que no conocía. Quedó embarazada a los 13 años. Tuvo una hija. Y luego a los 15 otra vez, tuvo a un niño. Pasaron unos 3 años antes de que pudiera escapar con sus hijos. Pero lo hizo. No sabía leer, ni escribir. Y como todas las mujeres que son vendidas o intercambiadas por acuerdos, usadas como cosas, no sabía hacer nada que no fuera limpiar. Así se salió a la ciudad que no conocía, porque la habían tenido encerrada. Y así consiguió trabajo, limpiando. Y así sacó adelante a esos dos primeros hijos.

Como todas las mujeres que conozco, que tienen hijos o una responsabilidad (y no conozco mujeres que no sientan que tienen una responsabilidad), le siguió sin detenerse, sin preguntarse si podía. Y sí, todas esas escenitas que se están imaginando, sucedieron: días sin comer, días durmiendo en la calle. Todo.

Como un año después de escaparse se enamoró, o como ella dice: “pensé que un hombre me iba apoyar, pero luego me di cuenta quién era él: un borracho… Cuando yo trabajaba haciendo azulejos, me robaba, vendía lo que yo compraba para mis hijos”. Tuvo otros dos hijos y otra vez, ya saben, la historia que han oído, a la que nos hemos hecho inmunes, duros de emociones. Historias en las que culpamos a las mujeres, “por qué se juntó con él, para qué deja que le roben, por qué si es tan fuerte, no se defiende”.

¿Saben por qué? Porque nadie nos educó para eso. NADIE.

Tengo la misma edad que la primera hija de mi nana. Y mi nana, tiene la misma edad que la hermana que me enseñó a leer y escribir. Y estas cuatro mujeres, no podemos ser más diferentes. Lupe no encontró a alguien que la tratara como ser humano si no hasta hace 20 años que se topó con don Cocó, quien la empleó durante 12 años y le enseñó que debe ser tratada como parte de la familia, porque ella hace por su familia, lo que nadie más quiere hacer.

Hace 9 años, conocí a mi nana, cuando don Cocó le ayudaba a buscar más trabajo colocando papelitos por la colonia y entrevistándose con la gente que pretendía emplear a mi nana: “nadie la va a maltratar, quiero saber con quién se va”. Cocó ya no podía darle trabajo como antes, e hizo lo que cualquier amigo haría: ayudarle a encontrar nuevo sustento.

Así me topé con mi nana. Yo vivía arrimoniada, tenía un marido y dos perros y una tristeza espantosa que nunca me he podido quitar. Al principio sólo venía una vez a la semana, yo no podía pagar más, pero le sacábamos todo el provecho. Mi semana valía la pena por esperarla, tenía con quién platicar, con quién compartir dolores que nadie entendía hasta ahora. Limpiábamos juntas la casa, comíamos.

Un día nos confesamos y me contó su vida, cómo tratándose de escapar antes de que la vendieran, la violaron en un río en Oaxaca, y cómo pasó tantos años encerrada. Y entonces yo me acordé cómo me violaron, cómo fui violentada desde niña. Y así pasamos muchos días llorando.

Un día me vi enferma, sin poder caminar, sin trabajo, sin dinero. Ya estaba huérfana, pero no completamente. ¿Saben quién vino a darme de comer y a cuidarme aunque yo no tenía dinero para darle nada? Así es, Wonder Woman: mi nana.

Hoy, después de años de hablar al respecto, de explicarle cómo funciona un proyector en el cine, cómo son las salas, qué tiene de diferente que ver las películas en la tele, aceptó ir conmigo a ver Wonder Woman. Pasa que a mi nana le platico todo, y cuando supe que estaban haciendo Wonder Woman me interesó mucho. Yo soy más de Marvel, y totalmente Star Wars, pero Wonder Woman siempre me había llamado la atención porque me parecía que era el ejemplo claro del machismo en el entretenimiento: “¿Una mujer heroína? ¿Diosa? ¿Amazona? Nel, ni en pedo. Eso tiene potencial y esta es una industria de hombres.” Juro que si el machismo hablara sin tapujos, eso diría.

Las mujeres de las películas, por grandiosas que sean, por fuertes, ágiles, seductoras, inteligentes que sean, SIEMPRE están ligadas a la historia de un hombre. Catwoman depende de que Batman la vea. Black Widow es parte de los Avengers, es la mano derecha de Fury, es la “novia” de Hulk. Jean es la más poderosa de los X Men, y aún así vive sujeta a sus emociones, es presa del amor, no deja de ser la pupila consentida de Xavier. ¡CHINGAO! ¿Neta no hay una sola superheroína que sea por ella misma? ¿Que sea por lo que a ella le importa?

Los primeros 15 minutos de Wonder Woman son una oda al feminismo. Cientos de mujeres participan en todos los roles posibles dentro de una sociedad. Y no, no se trata de que no haya hombres, se trata de que es la primera cochina vez en la historia de mi vida y supongo que en la de muchas películas, que una secuencia de cine de acción, se trata sólo de mujeres. MUJERES. Ni siquiera cuestionamos cuando eso pasa con hombres. Pasan los minutos, las horas de una película, y nunca vemos una mujer y nos parece normal. Cómo si fuera posible un mundo sin nosotras.

Mi nana se tapaba las orejas porque “el ruido de la tele” estaba muy fuerte. Yo lloraba de ver a tanta fregonería de mujer, a mi fregonería de nana, a mí misma en la sala de cine.

No tengo idea de si seguiría viva sin la ayuda de esta mujer hermosa que es mi nana. No sé si me sentiría valiente. No sé si me sentiría con ganas de seguir. Lo que sí sé, es que cada que he querido suicidarme pienso en ella: me necesita para que siempre tenga dinero para pagar la renta; por eso trabajo.

Mientras pienso en eso, Gal Gadot, soldado israelí, madre de dos, que mientras filmó Wonder Woman estuvo embarazada, le patea el trasero a un montón de alemanes, y de reojo, en medio de la batalla, se conmueve porque un hombre se sacude sus miedos y se atreve a seguirla. ¿Saben cuándo pasa eso en una película donde el protagonista es un hombre y es la mujer quien lo sigue? NUNCA, porque básicamente o las mujeres (reales o de ficción) no dudamos en seguir, y si lo hacemos, el hombre en cuestión se siente revalidado, porque creen que lo hacemos por ellos, no por la causa.

Nunca he sido fan de Wonder Woman. No lo necesitaba. Vivo rodeado de ellas. Silenciosamente todas hemos hecho lo que Diana, hija de Hipolita, hace en la ficción. Y además, tengo el privilegio de ser cuidada, desde hace 9 años, por la mejor de todas las amazonas.

 

PD: Le leí el texto a mi nana, que además de ser la amazona de mi vida, es mi editora. Y me pidió que quitar su nombre, porque es triste. Pero que todo lo demás está bien. Y les manda decir, que por favor vayan a ver Wonder Woman. Que anda pensando en eso, en lo que vio, y que le gustó mucho

 

 

 

Comentarios
Maríaisabel Mota
Content Creator. Vivo en eterno Social (Media) Rehab. Creo en la Revolución Fiscal. Surfeo el caos. Investigo usando @ComamosPalabras. Estoy escribiendo @ElDepreBook
MariaisabelMota

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