Y hablando de perdón…


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“Pedir perdón no es una palabra,pedir perdón es una acción” Ariel Grunwald

En este período de tiempo, lejos de mi familia y amigos, he tenido la oportunidad de darme cuenta de que a los seres humanos (generalmente) nos cuesta mucho pedir PERDÓN,  incluso cuesta muchísimo trabajo reconocer que uno se equivocó y que lastimó a alguien más o simplemente no hizo correctamente su trabajo.

Creo que en una relación ya sea laboral, amorosa o de amistad, siempre es muy importante tener la capacidad de tragarse el orgullo y pedir PERDÓN con todas sus letras.

Sabemos que nos equivocamos, pero quiero saber ¿cuántas veces le has pedido perdón a esa persona, que sabes perfecto que lastimaste? o ¿cuántas veces le has dicho a tus papas o hermanos, perdón, me equivoqué, sé que dije cosas que no tenía que haber dicho? Hablando por mí, la verdad esque muy pocas.

Creo que el pedir perdón lo asociamos muy pocas veces como un acto de humildad y reconocimiento interno. Lo que digo es que la mayoría de las personas somos muy orgullosas y sí, TODOS lo somos, porque hemos crecido en un mundo lleno de “personas perfectas” y entonces ¿cómo es posible que nos equivoquemos? Creo que somos muy propensos a equivocarnos y no reconocerlo, no reconocer que no dije las palabras adecuadas, no reconocer que le grité a mis padres porque simplemente no me dejaron salir un día, no reconcer que lastimé a mi amiga porque hice esto o aquello… O peor aún, ta lvez lo reconocemos y aún así no podemos sacar esa palabra tan complicada de nuestra boca, porque para poder decir esa palabra se necesitan huevos y sentirlo y eso es algo que a veces dejamos a un lado, ya que estamos inmersos en el estrés de la vida diaria, como para poder deternos a reflexionar sobre algo que hicimos mal, para después pedir un perdón.

Incluso sabiendo que uno se equivocó, dejamos que las cosas continuen su camino, porque “al rato se le olvida” a esa persona que lastimamos. Pero ¿qué pasa, cuando nosotros somos los que estamos del otro lado? Acaso no te hubiera gustado que esa persona, ese amigo, ese hermano… te hubiera dicho: “Perdóname, por lastimarte, por hacerte enojar, perdóname por decir lo que dije, perdóname por enojarme sin razón… ¡Obvio que sí nos gustaría!… Entonces ¿por qué no empezamos nosotros?

Ahora que estoy en mi primer año de casada, me he dado cuenta uno de las principales cosas que debe haber en la relación, es la comunicación. Y el equivocarte, reconocerlo y pedir perdón es parte de eso. Por mi parte, no estaba acotumbrada a pedirle perdón a muchas personas, incluyendo a mi madre. Pero si algo he aprendido, es que tengo personas que a mi alrededor que amo e incluso, aunque las ame, también las puedo lastimar, ya sea porque tuve un mal rato y no tenía con quien desquitarme, o simplmente porque sus acciones me hicieron enojar. Así que de verdad los invito a reconocer que se equivocaron y a tragarse el orgullo y decir .. PERDÓNAME, ME EQUIVOQUÉ… porque uno nunca sabe cuando sea tarde para hacerle saber este sentir a la otra persona.

No es un post tipo libro motivacional. Pero siento que estamos entrando a una etapa llena totalmente de “vale madrismos” y nos estamos convirtiendo en menos humanos de lo que ya éramos. Así que por eso, creo que el pedir perdón, no sólo nos llena de esa parte de humanidad que vamos perdiendo, sino también nos llena de aprendizaje para no cometer esos errores que nos pueden llevar a perder amistades y relaciones.

Y personas a las que nos piden perdón o pedimos perdón, tampoco se hagan del rogar eh! Perdonen desde el corazón y no anden reclamando lo pasado como si nada.

A menudo confundimos el verdadero propósito del perdón. Asumimos que es para aquéllos a quienes perdonamos, pero el más grande beneficiario, de hecho, somos nosotros. El perdón no justifica las acciones de otro. Simplemente te permite ya no ser afectado por ellas.

Comentarios
Gloria Martinez
Ingeniera por profesión, soñadora por convicción. (Y me vale que eso sea más trillado que las canciones de José José en la fiesta a las 4 de la mañana)
Dicen que hay tres hombres en la vida de una mujer: El amor de su vida, el hombre de su vida y con el que se casa. El caso de esta chica de cabello chino como tallarín, es una excepción. Recién casada con el amor y hombre de su vida, nos platicará las peripecias de lo que es vivir en un mundo paralelo.
Suele escalar y hacer yoga, se ha metido tremendos sustos y ganas de dejarlo y dedicarse a algo menos peligroso (obviamente hablamos del yoga).
Amante de la comida mexicana y orgullosamente chilanga, adora viajar, fiestear y es adicta a las palomitas y casi cualquier cosa que desborde Valentina.

Transmitiendo desde Kassel, Alemania – Gloria, la que habla de si misma en tercera persona.

Follow: @glow_mtz
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Ingeniera por profesión, soñadora por convicción. (Y me vale que eso sea más trillado que las canciones de José José en la fiesta a las 4 de la mañana) Dicen que hay tres hombres en la vida de una mujer: El amor de su vida, el hombre de su vida y con el que se casa. El caso de esta chica de cabello chino como tallarín, es una excepción. Recién casada con el amor y hombre de su vida, nos platicará las peripecias de lo que es vivir en un mundo paralelo. Suele escalar y hacer yoga, se ha metido tremendos sustos y ganas de dejarlo y dedicarse a algo menos peligroso (obviamente hablamos del yoga). Amante de la comida mexicana y orgullosamente chilanga, adora viajar, fiestear y es adicta a las palomitas y casi cualquier cosa que desborde Valentina. Transmitiendo desde Kassel, Alemania – Gloria, la que habla de si misma en tercera persona. Follow: @glow_mtz

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